Siempre me ha parecido vacío de significado celebrar el fin de año el 31 de diciembre, fecha que no se alinea con ningún suceso astronómico. El 31 de diciembre de 2011, escribía en mi antiguo blog sobre la futilidad de esta fecha como fin de año.

El calendario gregoriano tiene varias desventajas. La duración de los meses y los trimestres es irregular. No tiene año 0, y el año 1 corresponde con el posiblemente mal datado nacimiento de Cristo. Esta división temporal, establecida por un suceso no universal para la humanidad, implica además la existencia de años negativos, lo que introduce una discontinuidad histórica irreal. La inclusión del día extra al final del segundo mes provoca un desplazamiento desigual de las fechas en los días de la semana en los años siguientes. Además, el calendario gregoriano fue impuesto por la Iglesia Católica en todos los dominios de las metrópolis católicas. Dos siglos y medio después, el Imperio Británico adoptó el calendario gregoriano y lo impuso en sus colonias. Y paulatinamente, el resto del mundo terminó por utilizarlo.

Para marzo de 2012, yo consideraba proponer un nuevo calendario. Revisé otras propuestas: solares, lunares, y lunisolares. Los ciclos de la Luna son muy variables, por lo que descarté las propuestas de calendario lunares y lunisolares. Respecto al número de meses, concluí que 12 es el mejor número de meses, 12 es un número altamente compuesto (es divisible por 1, 2, 3, 4, 6, y 12), y esto facilita que un año se pueda dividir en períodos de distintas duraciones según sea conveniente.

De las propuestas revisadas, encontré que el Calendario Mundial y el Calendario Invariable, ambos perpetuos, eran los mejores. No obstante, no pienso que un calendario perpetuo sea la solución apropiada para el estado actual de la humanidad. Los defensores de los calendarios perpetuos consideran una deficiencia del Calendario Gregoriano, y los calendarios no perpetuos en general, que cada año comience en un día de la semana diferente. Argumentan las ventajas económicas de la simetría en los calendarios perpetuos, ya que todos los años son idénticos. Los beneficios económicos se deben al ahorro en impresión de calendarios y a la homogeneidad de los ciclos contables. Aunque no dejo de reconocer estas ventajas, no las considero razones suficientes para implementar un calendario perpetuo en un mundo que sigue un ciclo de días de trabajo y de descanso, es decir, la semana con sus días laborales y los fines de semana. Sería extremadamente triste cumplir años siempre un lunes… La existencia y la cultura humanas no pueden reducirse a ventajas económicas.

Respecto a la duración de la semana, teniendo en cuenta las funciones sociales y culturales de la semana, decidí que continuara siendo 7. Además, al dividir 365 por 7, el resto se minimiza apropiadamente. El resto de la división de 365 es lo que produce el desplazamiento de las fechas en los días de la semana en los años posteriores.

Para junio de 2012, yo había completado la primera versión que llamé Calendario Plus ya que los días extra, ubicados al final del último mes, eran designados + y ++. Un amigo me dijo que la mayoría de las personas no comparten esta familiaridad con los signos. Entonces decidí llamar 32 a ambos días extra. Nombrarlos de forma diferente hubiera conservado el problema de los nacidos en el día bisiesto.

El 29 de junio de 2012, completé la versión que llamé Calendario Trimestres Fijos. El año comenzaba aproximadamente con el equinoccio de primavera en el norte y de otoño en el sur. Esta versión aún tenía la división artificial entre Antes de Cristo (AC) o Antes de la Era Común (AEC), y Anno Domini (AD) o Era Común (EC). En 2014 decidí utilizar el sistema Era Humana o Era Holocena.

A principios de 2024 renombré mi propuesta a Calendario Villoro, y a mediados de 2026 decidí agregar el 32 al nombre, por el Día 32. Y trasladar el inicio de año para el solsticio de invierno en el norte y de verano en el sur. Con esta modificación, el inicio de año queda a 10 días del inicio del año gregoriano, por lo que sería más fácil la transición del Calendario Gregoriano al Calendario Villoro32.

Logo del Calendario Villoro32 diseñado por Mirla Villoro en 2012 utilizando funciones logarítmicas en Wolfram Mathematica. Una espiral de cuatro aspas de colores que representan los cuatro trimestres simétricos del calendario asociados con las estaciones.
Logo Calendario Villoro32

El Calendario Villoro32 es mi propuesta de calendario solar, que comienza aproximadamente en el solsticio en que el Sol alcanza su mayor declinación sur, es decir, el solsticio de invierno en el norte, y de verano en el sur. El año Se divide en cuatro trimestres idénticos, excepto por el día extra, ubicado al final del año. Este calendario toma la ventaja de la simetría del modelo de los calendarios perpetuos, pero sin serlo. El año conserva lo que podríamos llamar una simetría interna. Y con el uso de la Era Humana para la enumeración de los años se eliminan sesgos culturales y la ficticia discontinuidad histórica.


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